El jefe de la delegación de la Unión Europea (UE) en Nicaragua, Panamá y del Sistema de Integración Centroamericana, Kenny Bell expresó, de forma muy diplomática, que las recomendaciones de las misiones de observación de la UE “no son obligatorias ni vinculantes para ningún país”. Las recomendaciones de la UE fueron amplias al señalar las debilidades del Consejo Supremo Electoral (CSE). Igualmente, el Centro Carter y la Organización de Estados Americanos (OEA) hicieron críticas fuertes al gobierno de Nicaragua y al CSE sobre las deficiencias y anomalías que se presentaron en las elecciones del 2008 y 2011.

A pesar de las recomendaciones hechas por las misiones de acompañamiento electoral, los cambios en el CSE, cinco años después, son mínimos. Más bien, las condiciones del CSE se han deteriorado aún más. De cara a las próximas elecciones, estos fueron los temas que acapararon la atención de las misiones sobre el sistema electoral nicaragüense: cedulación, capacitación, informática y transmisión de datos, logística y acompañamiento electoral.

Sobre la cedulación ambas misiones señalan deficiencias, destacando que el sistema debe ser “exhaustivo, fiable y preciso” y desligado de los ciclos electorales. Recomiendan que se reforme la estructura organizativa del CSE, estableciendo procesos estandarizados para informar a la población y eliminando que sean los partidos políticos los que realicen esta función. El proceso de registro civil y electoral debe ser permanente, depurando el padrón electoral para transparentar el sistema.

Las dos misiones manifestaron que se debe mejorar el material y el tipo de capacitación que debe brindar el CSE a sus funcionarios como a la población en general. Destacando los tiempos para publicar el material de capacitación y el cumplimiento exacto del Calendario Electoral.

También manifestaron la necesidad de hacer una reingeniería del Centro de Cómputo. La UE destacó la necesidad de publicar, en tiempo real, los resultados de Junta Receptora de Votos (JRV) por JRV en la web del CSE. Definiendo un procedimiento único y específico para realizar las sumatorias y la transmisión de los datos que aportan las JRV. Permitiendo a los partidos políticos auditar el software del CSE.

Ambas misiones ponen mucho énfasis en la observación electoral. Sugieren que debe ser facilitada y no menoscabada o interrumpida por los funcionarios electorales. Solicitan al CSE que los próximos reglamentos de observación o acompañamiento electoral faciliten a los observadores el acceso sin restricciones a todos los eventos electorales sin previa notificación. La coincidencia sobre este tema fue absoluta para las dos misiones.

La misión de la UE fue mucho más prolija que la de OEA en recomendaciones para CSE. Además de los temas anteriores, la UE pidió revisar y reformar a fondo otros elementos: registro civil y administración electoral, circunscripciones electorales, fiscales de los partidos políticos, quejas e impugnaciones de recursos, autonomía de los partidos políticos, funcionamiento de los medios de comunicación y la asignación de los puestos en los órganos electorales para los partidos políticos que no obtuvieron el primero y segundo lugar en la votación. Con solo las recomendaciones para revisar estos elementos adicionales cualquier órgano electoral estaría deslegitimado.

Sin embargo, hay dos señalamientos específicos que realizó la UE a la Asamblea Nacional sobre el CSE y que el gobierno de Nicaragua ha ignorado. Primero, la misión de observación de la UE recomendó “a la Asamblea Nacional la introducción en la ley electoral, preferiblemente de manera consensuada entre la mayoría legislativa y la oposición, de requisitos de elegibilidad y mecanismos de selección que promuevan o garanticen la elección de magistrados del CSE de acreditado prestigio profesional y perfil independiente y neutral”. Segundo, hacen un llamado de atención al CSE para que en sus niveles más bajos prive que “el principio de representatividad política inscrito en la ley electoral sea aplicado de forma efectiva para garantizar una representación equitativa gobierno/oposición y un auténtico equilibrio de poderes”. Dos temas centrales para cualquier proceso electoral transparente, hasta en la democracia más primitiva e incipiente. En Nicaragua, el CSE permanece inmutable como si nada hubiera sucedido y los partidos políticos se limitan a tímidas críticas sobre un órgano electoral que ha perdido toda su representatividad.

La misión de acompañamiento de OEA, a pesar de ser más sucinta, planteó un par de temas importantes que la UE no hizo. Planteó la necesidad de una reforma electoral que reglamentara y limitara la discrecionalidad desmedida del CSE en: autonomía de los partidos políticos en acreditar fiscales, participación de los fiscales, composición de las JRV y diseñar un marco legal para depurar el padrón electoral. También planteó crear una cartografía geo —referenciada que permitiera utilizar este sistema para aplicarlo a la logística—.

Únicamente, hubo un aspecto sustantivo en las recomendaciones donde ambas misiones divergieron: la incorporación del coordinador de centros de votación. La OE encontró positivo la incorporación del coordinador de centro, pero regulando su actuación. La UE recomendó abandonar las figuras de los coordinadores de centros y los técnicos de ruta, por no estar contempladas en la legislación electoral, mucho menos atribuirles funciones cruciales a última hora. Personalmente considero que las dos figuras son correctas, pero con un CSE independiente. La afirmación del UE es muy acertada, que mientras las dos figuras no estén contempladas en la legislación, no deben ser utilizadas.

En conclusión, ambas misiones coinciden en que es necesaria una reconversión total del CSE para garantizar la transparencia del proceso electoral. Los temas abordados son casi los mismos en ambas misiones. La UE es más amplia en sus recomendaciones pero la OEA recomienda una reforma electoral donde puntualiza temas a trabajar, que la UE desarrolló de forma más detallada.

Hay una diferencia menor sobre los coordinadores de centro y los técnicos de ruta pero obedece más bien a falta de contemplación en la legislación electoral. Finalmente, lo que queda claro es que sin una reforma profunda al CSE la democracia nicaragüense es inviable y mucho menos sostenible. Todavía tenemos tiempo.

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