En el fraude electoral del 2008 la lógica fue eliminar o alterar la mayor cantidad de Juntas Receptoras de Votos (JRV), donde ganaba la oposición al FSLN. Todos los partidos perdían votos anulando JRV, pero la oposición perdía más porque había sido más votada. El fraude del 2011 fue más sofisticado y ejecutado por funcionarios del CSE, miembros y fiscales del FSLN, APRE y ALN. Las irregularidades fueron muchas, pero el fraude descansó en seis pilares fundamentales:

El primer pilar fue el control del FSLN de todas las instancias del CSE. El segundo pilar fue la infiltración y sustitución de los miembros y fiscales de ALN y APRE por miembros y fiscales del FSLN. Se aisló y controló a los fiscales del PLI para que el FSLN contara solo los votos. Un tercer pilar fue que a miles de fiscales propietarios (más de 5,000) y suplentes del PLI no se les entregaron sus acreditaciones. Por tanto, no pudieron ejercer su labor fiscalizadora en esas JRV. Esto sucedió, mayoritariamente, en las JRV donde el FSLN ha perdido por amplios márgenes. A los fiscales del PLI se les impidió acreditarse, impugnar, se les expulsó de las JRV al momento del escrutinio. Incidente fue el impedimento para que los fiscales del PLI estuvieran presentes en la recepción del material electoral y en la apertura de las JRV. En muchas JRV, al momento de la apertura, ya las urnas contenían boletas introducidas ilegalmente por los miembros de las JRV en complicidad con los fiscales del Frente Sandinista, Apre y ALN. Un cuarto pilar fue que a los miembros de las JRV no se les permitió contar las boletas recibidas en la apertura de la JRV ni las boletas no utilizadas en el cierre de la votación; por tanto, fue imposible contrastar el número de boletas recibidas, utilizadas y no utilizadas para verificar si correspondieron con el número de personas que votaron, como mandata la ley electoral en su artículo 123.

En un quinto pilar podemos agrupar las alteraciones de casi todos los procedimientos utilizados en las JRV: diseño de una sola boleta electoral, boletas con un código de seguridad preestablecido, boletas entregadas por peso, en libretas supuestamente de 400 boletas, cuando su número era definido por el padrón de la JRV, se eliminó la práctica de que al menos dos miembros de la JRV firmaran y pusieran el número de seguridad en cada boleta para demostrar su autenticidad y legalidad.

Finalmente, el CSE nombró un Coordinador de Centro de Votación a último momento. Este fue un miembro del FSLN, mimetizado como funcionario del CSE, al cual obedecieron o se supeditaron los miembros y fiscales de las JRV. Este funcionario, que no está definido en la Ley Electoral, violentó a su entender la mayoría de los procedimientos legales de la elección. De todo eso podemos extraer algunas conclusiones:

El PLI, mucho menos el PLC, no tuvo la capacidad de construir un ejército de fiscales que hiciera frente a las nuevas condiciones que demandaba el fraude. Enfrentaron las nuevas condiciones con los viejos métodos, con menos recursos y capacidades. No fueron capaces de prever la pérdida de control, en las JRV, de las boletas electorales y mucho menos proteger las JRV estratégicas donde siempre han ganado. La lógica del fraude del 2008 se centró en los CEM, en la impugnación y anulación ilegal de votos y JRV. En el 2011 la lógica fue el control de las JRV a través de miembros, fiscales, policías electorales y coordinadores de centro del FSLN y sus aliados que neutralizaron a los fiscales del PLI. Esto permitió al FSLN antes, durante y al final de la votación preñar y contar los votos en las JRV para obtener resultados electorales, históricamente, nunca alcanzados.

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